Las elecciones generales de este domingo 23 son a cara o cruz. Todos conocemos a la derecha que representa el PP y a la extrema derecha que lidera Santiago Abascal. Y también sabemos que si ambos suman mayoría absoluta, tendremos a Alberto Núñez Feijóo como próximo presidente del Gobierno español, con Vox marcándole la agenda política, económica y social, tal como pasa en las comunidades autónomas y ayuntamientos donde ya gobiernan juntos.
Ante este horizonte que nos cae encima hay que decir NO, con convicción y rotundidad. Por eso, desde esta tribuna de EL TRIANGLE, pido explícitamente a los lectores el voto por las fuerzas de izquierda que tienen capacidad para obtener representación parlamentaria y cerrar el paso a un posible Gobierno PP-Vox: PSC, ERC, Sumar y la CUP. Teniendo muy presente, más que nunca, que la movilización y la participación es absolutamente capital.
La razón aconseja concentrar el máximo de votos en las listas socialistas, para que Pedro Sánchez pueda dar el “sorpasso” al candidato del PP -que encabeza la mayoría de las encuestas- y llegar en primera posición la noche del 23-J. Esto facilitaría, en gran medida, su reelección como presidente del Gobierno español.
No recomiendo, desde aquí, el voto por la formación Junts x Catalunya, que se ha convertido en un opni (objeto político no identificado), pero que ya ha dejado claro, por boca de su candidata Míriam Nogueras, que nunca votará a favor de la investidura de Pedro Sánchez. En una tesitura en la cual el involucionismo faccioso de Vox puede entrar por la puerta grande en la Moncloa, es una irresponsabilidad que los herederos de Jordi Pujol le pongan la alfombra roja.
España ha avanzado muchísimo desde la muerte del dictador, en 1975 y, gracias a la extraordinaria habilidad y coraje de Pedro Sánchez, se ha convertido, en la actualidad, en un referente mundial en derechos y libertades, fomento de las energías renovables, contribución al proyecto de construcción de la Unión Europea y compromiso con la Agenda 2030 aprobada por las Naciones Unidas.
Hay todavía mucho camino por recorrer, como la lucha contra las desigualdades, la integración de la emigración, el acceso a la vivienda, la conversión del Senado en una Cámara de representación territorial o la consolidación y profundización de la alianza ibérica con Portugal. Pero estos retos necesitan un impulso gubernamental progresista para poderlos transformar en realidades.
Evolución del Estado español en un Estado verdaderamente federal, como Alemania; concreción de la alianza ibérica, como gran plataforma que conecta dos mares y cuatro continentes; culminación del sueño europeo con la constitución de los Estados Unidos de Europa, con la obligada inclusión de Ucrania y los países balcánicos: estos son mis vectores políticos y, desde esta perspectiva personal, votaré absolutamente determinado este próximo 23-J por Pedro Sánchez, para que el futuro y la esperanza no se detengan.
También quiero hacer desde aquí un llamamiento a los potenciales votantes de Vox, mayoritariamente gente sencilla y de clase trabajadora que reaccionan epidérmicamente a los problemas cotidianos que les acucian, sin ser conscientes de la trascendencia que tendrá su papeleta a favor de Santiago Abascal. La extrema derecha nos quiere imponer el retorno a un pasado que ya no existe e incrementará y exacerbará, histriónicamente, las tensiones sociales y territoriales.